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Mostrando entradas de enero, 2021

Parte de mi vida.

No escribo para ustedes, escribo para los que no me leen. Estoy en desacuerdo con mis amigos,  para que mantengan un pensamiento propio y no siempre me sigan. Creo en la más absoluta independencia del ser humano, de aquel que piensa, razona y actúa cuando su hacer no provocará daño en otro. No hago diferencias entre animales, soy uno de ellos. Diferente en muchos aspectos,  no mejor que ellos. Lamento no haber comprendido esto desde el comienzo,  me alegro de que hoy es parte de mí. Algunos me han nombrado con diferentes adjetivos, unos buenos, otros a su manera. Simplemente entiendo que a medida que avanzo, avanzo y mientras voy haciendo, mi huella se va borrando. El día que me toque cruzar por esa puerta, se que es inevitable. Lo haré seguro que por mí, otros no pasarán anticipadamente por ella. No tengo más mandato propio que ser libre, honesto y respetuoso. Que así como lo exijo, lo doy. No profeso religión, ni partido político, ni nación. La moneda es un instrumento de canje, sin

¡Ah! Nuestra sociedad.

Todo comenzó con individuos asociados a un grupo, del grupo pasaron a la organización en clanes, tribus, pueblos, ciudades, ¡naciones! ¡Ahhh! Las naciones. Reduciré a las ciudades. Mejor al individuo. En la realidad más que sociales actúan acostumbrados. Si bien es la idea y dicho por Aristóteles, fundador del concepto, los seres humanos somos seres sociales. Deseo enfocarme en un solo punto y con el objeto de reducir el entramado.  ¿Somos realmente un animal social? Individual, en solitario, no podrían haber sobrevivido los primeros. La ley de supervivencia los llevó a asociarse. Seguro habrán tenido que salvar sus primeras disputas, pero la "lógica" se les puso delante. Luego estos grupos, bajo el mismo concepto, comenzaron a tener disputas con otros. ¡Que va! La historia ya la conocemos, corta; dos guerras mundiales, Vietnam, Seis días, Irak, Afganistán. ¡Ya! Lo dejo hasta ahí, el punto no es hacer una lista. Vuelvo a la pregunta, ¿somos realmente un animal social? ¡NO! (E

Léalo, pero entienda que no es para usted

  La paz de la soledad es adictiva. Ni siquiera sentarse afuera y escuchar un pájaro trinar, simplemente la paz del silencio..., trinaron en conversaciones propias cruzadas; el viento produce un silbido al roce contra otras estructuras; el ruido del agitar de las alas del Colibrí parecen las de un enorme abejorro. La paz de la soledad de otros, es adictiva.  Por ahí lo dijo Arthur Schopenhauer: Un hombre sólo puede ser él mismo mientras está solo; si no ama su soledad, no amará su libertad, porque únicamente cuando está solo, es realmente libre. Hoy día cuando me acerco por las redes de internet, donde se puede leer en todas direcciones y la mayoría de las lecturas, sin ninguna comprobación antes de su publicación, vuelvo a otra de sus célebres frases: Las religiones son como las luciérnagas. Necesitan de la oscuridad para brillar. (Agrego, la política y la economía.) Gasto muy poco de mi tiempo en las páginas que llaman sociales. ¿Cómo es que reciben ese apellido? Cuando en ellas es

Humanos

     Alguien me comentó a raíz de un punto de vista personal, que "somos simples seres humanos" . Y éso por esperar de mi parte, que seamos más humanos.   Si han sido capaces de producir dos guerras mundiales, solo dos guerras para hacer la historia corta. De tener en nuestras manos tecnología que amplio desarrollo. De poseer vehículos, utilizar vacunas y aún más, modificar la genética; salta a la vista la pregunta: ¿Somo simples seres? Cuando se va a la guerra, tú quieres o te imponen matar a otro. Cuando participas de un torneo, es necesario imponerse sobre el otro. Cuando votas quieres que triunfe tu voto por sobre los otros. Éstas algunas que he descrito, son ejemplos de conceptos errados, arrogantes, manipuladores y que estúpidamente se aceptan: Si no voy a la guerra, seré un cobarde. Seré traidor a la patria. Entonces debo matar por otro. Pero olvidamos que existe el rechazo por consciencia. ¿Cuál es la razón para dar muerte a otro? ¿No existe la palabra? ¿O se lucha po

Mis propias excusas

Me despierto, con la típica modorra. Luego, me estiro con la habitual flojera y a seguir con las rutinas del encierro. ¡El encierro! Al pasar junto al mesón en la cocina, oigo el móvil. ¡Obvio! La cago. No me aguanté el tomarlo y leer en su pantalla. Los números siguen subiendo. Es el resumen del apps de noticias. De las contadas excepciones donde bajan, ni pito. Nadie comenta en un artículo o en una editorial. Eso, no es noticia. Que por lo demás, serían dignas de imitar, si les prestaran atención. Los números continúan abultándose y me inquietan. No sé a los demás. A mí, sí. Ahora se me va la puteada. ¡¿Cómo es posible...?! Vuelve a sonar el móvil. —¡Que se vaya a la chu cha! Lo contesto. Es mi amigo Juan. Es como mi hermano. Luego de un rato de conversar lo típico, le digo: —¿Has visto cómo siguen subiendo los casos? Me responde ¿Y? Dejándome en silencio por unos minutos. Parece que a éste huevón, tampoco le importara. —¿Cómo qué ¡Y!?  —Le digo en el esfuerzo de hacerlo pensar. —Sí.