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Mostrando entradas de mayo, 2018

Un lanza a chorro ©

—¡Putas que hacer frío por la chucha!  —se quejó mientras frotaba sus manos al cruzar la puerta principal.  Volvió a soplar su aliento tibio dentro del hueco hecho con las manos y al levantar la vista lo divisó.  No hubo molestia en él, ni enojo, sólo una gran cuota de curiosidad  —Allá él  —se dijo y comenzó a acercarse. —¿No te lo dije?  —hizo su actuación del policía rudo y que no lo era. —Puta jefe  —se encogió dentro de toda su humanidad sin saber qué decir. Seis meses antes a no poder responder, el lanza iba sentado en el asiento trasero del vehículo del Inspector.  Murillo lo miraba a través del espejo retrovisor, El Campanela en silencio; rapado; las manos atoradas por las esposas; no pronunciaba palabra. —¿Hace cuánto que te soltaron?  —sabía que sólo era cosa de días, a lo mucho dos por lo afeitado de su cabeza.  Preguntó de todas formas para cerciorar el tiempo. —Antiayer, el marte.