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Escribir una novela

Acabo de publicar mi primera novela, bueno realmente ya comienza su segundo mes de publicación; pero el punto es:  escribir una novela.
Nunca como lector me hice esta pregunta, ¿cuanto tiempo toma escribir una novela?
Cuando tengo un libro en mis manos simplemente lo comienzo a leer sin importarme su autor, eso quedó definido cuando lo escogí.  Tampoco me preocupa qué tantas páginas lo conforman, mi interés por él se forma tras haber leído alguna reseña o haber tenido acceso a ver en su interior y mejor bajo recomendación de alguien.  Algo que si influye en mi antes de adquirir el libro, si hablo de libros físicos; es su aroma y el color del papel en que está impreso.  Pero eso es un asunto personal.
Volviendo a la pregunta que nadie suele hacerse o no nos hacemos cuando de leer se trata y menos si comenzamos a disfrutar con lo que en su interior vamos encontrando y se da ese mágico inicio de pasar y pasar hojas con la esperanza que sea infinito, porque hay que sentir, como lo he sentido; ese inicio del saber que frente a algo bueno inevitablemente tendrá que llegar su final y esa es la idea del autor, habernos llevado a su mundo, ese que inventó en muchos días de trabajo, en horas puestas frente al ordenador y tras revisiones y ediciones cerrarlo para que nosotros lo abramos y pongamos en él la vuelta de esa última pagina leída y toda una obra gozada. (Dije ordenador hablando de hoy en día, como autor imagino el enorme trabajo de aquellos de la vieja guardia que lo hicieron en una máquina de escribir y aún más atrás en el tiempo, a mano; si de algo sirve: gracias).  Pero el tiempo invertido en su escritura nunca cruza el tiempo de nuestra lectura, ese que puede ser desde un momento (un cuento de Cortazar) o el de meses o años (Cien años de soledad de G.G.M o 2666 de Bolaños), hasta que por mi mismo me di cuenta de ese otro tiempo al momento que inicie el camino de contar el mundo que llevo dentro y por curiosidad hacer averiguaciones sobre ese tiempo en autores renombrados.  Grandísima sorpresa que me llevé al saber que todos arrastran meses y años junto a su obra antes de llegar a las manos del editor y sobre todo de un lector.
Para mi han sido, en Pinturas Nocturnas; unos buenos años de trabajo.  No digo años corridos, sería mentir; pero si pongo las horas juntas creo poder sumar el tiempo suficiente para llenar ocho meses.
Antes de estar en esto que llaman marketing para un producto, porque luego de escrita eso es, un producto, que tomará la forma de arte cuando el público la lea, pero en el intervalo es eso, un producto invertí tiempo de creación.  Ese producto, mi trabajo se los ofrecí a mis amistades y familia en calidad de regalo, meses de oficio y esfuerzos pensados en entretener; muchos de ellos no aceptaron el regalo, otros tomaron el valor del libro costeado por mi (regalo) y nunca lo adquirieron.
Para mi como autor, podría pensar que no les gusto mi trabajo.  Nunca lo han leído.
Para mi como autor, podría pensar que leyeron sólo hasta cierta parte por una obligación.  Nunca lo han dicho.
Para mi como amigo, familia podría pensar muchas cosas, nunca pensé no contar con el apoyo de quienes digo familia y amigos.  (En estos dos grupos hay cinco personas que se los he dejado saber, mis agradecimientos por su generoso apoyo).
Ser autor no es fácil, nada es fácil en arte.  Es fácil cuando alguien nos ofrece un regalo tener la decencia de recibirlo y más fácil dar las gracias.
La siguiente vez que leas un libro llega hasta el final, si no va siendo de tu gusto llega hasta el final y al final de todo podrás darnos tu opinión.
No hay ninguna historia mala, sólo una mal contada.
No hay ningún libro malo, sólo uno mal escrito.


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