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Un cuento antiguo

Este cuento nació con la experimentación de unir mi trabajo con el lector. Ha sido una forma de que ambas actividades, escribir por uno y leer por el otro, sean en el mismo instante.

Espero que quien lo siga lo disfrute. Es otra forma más de hacer arte.

https://www.daropohl.com/post/diferente-por-qué-no
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Consumo de energía

Nota del autor: Este cuento se produce a raíz a un comentario hecho sobre otro cuento que he publicado en la página de Falsaria, también se encuentra en este blog y se titula: Asunto climático.
La respuesta simplemente se fue dando y a medida que pasaban las líneas, se me fue formando este nuevo cuento. Entonces, aquí está.


Consumo de energía
Me llegó una carta de mi buen amigo JR. Él es de Puerto Rico, al igual que mi otro buen amigo Pedro. En su carta hacía mención a uno de mis cuentos publicados y toda esa cosa con el medio ambiente y que la tenemos fregada, sobre todo para las generaciones futuras. De su carta me quedé con la línea que sigue:
“Muy bueno para reflexionar sobre lo que hacemos de manera individual. Me mantuve a la expectativa como si hubiera estado yo esperando en la bahía.”
Una vez que terminé su lectura tras abrir el sobre que venía franqueado desde New York, procedí a darle respuesta. Nunca nos hacemos esperar, entonces le cuento lo que me ha pasado el otro día y como …

Asunto climático

Navegó con gran esfuerzo por cruzar el Océano Atlántico rumbo a la ciudad de Nueva York. Demostró firmeza en su motivación haciendo el viaje sobre una embarcación impulsada por viento y alimentada por energía limpia. Su viaje vino inspirado por la reunión de Naciones Unidas. Su campaña enfocada en decir NO a la contaminación y SI a los cuidados del medio ambiente. Hizo una trayectoria de tres mil millas de navegación a vela en rechazo al viaje en avión. Con eso demostró su no cooperación en las emisiones.

Cuando el velero enfrenta la entrada a la bahía de Long Island, una multitud de jóvenes la esperábamos en el muelle. Tenemos nuestras pancartas en solidaridad de todos, de ella y de nosotros por nuestro futuro. Creo que Greta Thunberg ha de estar tan emocionada como yo. Su mensaje va dirigido a todo ese mundo de adultos que nos heredan esto, un incierto futuro climático. Diviso el mástil con sus dos velas negras desplegadas, imagino dos enormes placas solares como una fuerte voz anu…

El celular sólo muestra evidencia

—Mi señor.                     —Don.                         —Cielo.                     —Oye.
—¿Qué deseáis mujer?  —Dígame señora.      —¿Qué hay amor?    —¿Gua?
—El crío.                        —El pequeño.             —El niño.                 —Es tuyo.
—Debo dejaros.             —Debo retirarme.      —Lo siento.              —Cagaste.
—No marchéis.              —Por favor.               —No te vayas.           —¿Te vai?
—Las tierras.                  —La industria.          —La oficina.              —Tengo que salir.

El pequeño terminó jugando en una bajada de agua de dudosa reputación, años después sobre un caballito de madera, hasta que llegó el triciclo y luego una pantalla.


(En evidencia al micro relato: “El museo de ciencias para niños”)





Photo by Liane Metzler on Unsplash

Comenzando a escribir tu novela

¿Tienes el comienzo de lo que piensas será una buena historia?
—Él le dijo cuando iba saliendo.
—el otro le respondió.
O una simple frase que suena bien y abre en tu pensamiento un mundo en escenas.
¿Te has sentado frente al ordenador, abierto el programa y el teclado comienza a sonar tan rápido como van tus dedos? Luego miras el margen inferior y tan sólo llevas 400 palabras escritas. Absorto te quedas mirando el número cuando los textos, el internet, todos hablan de 50 mil palabras para una novela.
Entraste en pánico lo sé, he pasado por ese camino en la maratón de acumular palabras. Aprendí que cuando se me venga una historia no preocuparme que tan extensa será, simplemente dedicarme a contar, ya veré luego si me gusta  y se ajusta a un micro-relato, excesivamente corto; o como cuento, o si seguirá creciendo para  novela corta o termina convirtiéndose en novela. Por ahora sólo dedícate a plasmar tu idea, luego llegará la hora del trabajo.
En mi caso lleva el siguiente desarrollo: ¡Ge…

El museo de ciencias para niños

Entrando al museo una bola de hule voló por los aires. La miré al pasar. Luego miré al interior de un salón. Un niño otro niño una niña alguien grita un nombre se oye un llanto una carrera más gritos risas de varios junto al siguiente llamado a un chico diferente distinto nombre voceado y otra carrera el ruido de la máquina imposible determinar más risas y carreras hasta el otro salón un golpe se puso a llorar ahora no suelta el nuevo juego otro espera y reclama lo quiere usar lo empuja cae sentado se para y regresa a la máquina el otro se muda a la de al lado corren hay uno tirado en el suelo con la vista al techo otro se tropieza en él y de pasada le pisa la mano llora da un grito dos chocan de frente las carreras continuar saltan dos niñas se miran esos disputan un globo.
Cuando, miro, a, los, papás, todos, están, agarrados, al, celular, perdidos, dentro, del, internet.

Es sólo un tipo tímido que le gusta ver volar a las águilas

La puedo ver a través de unos arbustos que hay entre yo y ella. Estoy seguro que ella no me ve a mí, es más, creo que ni siquiera sabe que estoy aquí; siempre es así con todas las personas, parecen no verme. Por eso que no me gustan, dicen que soy. Que importa. Sigo mirándola a ver qué hace. Eso sí, me entretengo espiando a la gente cuando no me ven y les doy nombres. Con sólo aproximarse al borde y dar una mirada al fondo del precipicio retrocedió un paso. Me sonrío cuando se echa hacia atrás; yo puedo ir un poco más allá que ella. Sé lo que ella ha visto allá abajo. Muchas veces he hecho lo mismo. Mirar hacia abajo es ver una caída de varios cientos de metros y cortada en contrario a la saliente. El que sea curioso y no le dé vértigo, a mí no; o un suicida, podrán ver directo al río pero jamás oír el torrente que lleva, sólo se escucha silbar al viento. La voy a llamar, no se me ocurre que nombre darle. Otra vez regresa hasta la orilla, parece no titubear al pisar sobrepasando el borde…